sábado, 27 de marzo de 2010

El limbo de las almas perdidas


Viajamos en busca de las ánimas del purgatorio

Siempre han estado ahí. O por lo menos siempre ha habido quien las ha tenido presentes. Perdidas en una confusión eterna las ánimas del purgatorio han permanecido atentas a la llamada de aquellos que, en sus noches de desesperación, se han atrevido a invocarlas pidiendo ayuda. Muchas son las historias de presuntos testigos que ha establecido contacto con estos seres malditos. Pero, ¿qué son en realidad las ánimas del purgatorio? ¿Qué quieren de nosotros? Y lo que es más importante ¿son capaces de volver entre los vivos?

Una noche cualquiera ...

La joven Gabriela Mora se despierta desorientada después de haber sufrido una terrible pesadilla. Nos encontramos en una vieja casa de Madrid, a mediados de la década de los setenta. Según relataría años más tarde para La Novena Esfera, notó una desgradable sensación en la garganta y bajó a la cocina para beber un vaso de agua. Al descender del último peldaño de la empinada escalera, sintió un escalofrío que recorrió toda su espalda y una gélida brisa pareció atravesarla todos los huesos del cuerpo al tiempo que recorría el pasillo. "Como no tenía ninguna luz cerca" -nos explica- "iba despacio tanteando con las manos las paredes del pasillo, hasta que mis ojos se fueron aconstumbrando a la oscuridad". Cuando pudo empezar a intuir algunas formas vio que había llegado a la puerta de la sala de estar que estaba abierta a su derecha.

Según sus propia palabras "dentro podía distinguir las formas de los sillones y el resto de muebles que hay normalmente en unas salita, pero me quedé un poco sorprendida al ver una silueta que no debería estar alli". Al aproximarse a aquella extraña figura, la joven se quedó por unos segundos completamente petrificada. "Me fui acercando despacio, asustada y al mismo tiempo un poco desorientada hasta que pude verlo con claridad". Sentado, con una manta en las piernas y mirándola fijamente estaba su recientemente fallecido tío, "No sabía como reaccionar. Estaba ahí quieto donde siempre solía sentarse. Me miró y sonrió. Entonces salí corriendo a avisar a mis tíos que estaban durmiendo en la planta de arriba, pero cuando bajamos había desaparecido."

Desde aquel momento que marcó su vida, Gabriela ha sido testigo y protagonista de fenómenos que muchos no dudarían en calificar de sobrenaturales. Según sus declaraciones y las de sus más allegados, mediante una serie de rezos y peticiones a las ánimas del purgatorio, esta mujer obtiene una sucesión de favores tales como la capacidad de despertarse a hora concretas que ella misma pida, o ayudas a miembros de su familia que están atrevesando momentos difíciles. Absolutamente todos estos hechos han sido comprobados, y este extraño don de Gabriela no ha fallado en ningúna ocasión.

¿Casualidades?

Es posible que casos como este, pasen por delante del lector como relatos de meras coincidencias, más llevados por la sugestión que por el rigor informativo. Por esto, y para evitar que este tipo de pensamientos nublen su razón el equipo de la Novena Esfera se puso a trabajar para encontrar algún caso más que pudiera corroborar de primera mano que los contactos con estos supuestos entes perdidos no son fruto de la simple casualidad. Y fue entonces cuando nos encontramos con el misterio.

Viajamos a las tierra del sur peninsular. En la localidad gaditana de Rota, famosa por su transitada base naval, vivió durante toda su vida Ana García de Quiró. Esta mujer, ya fallecida, hizo de los contactos con las ánimas benditas una constante en su día a día. Hablamos con su nieta, María del Mar Expolio, que nos narra de la siguiente manera lo ocurrido una tarde en la residencia familiar:

"Estabamos las dos sentadas en el sillón de la salita cuando se empezaron a oír unos golpes como de alguien llamando a la puerta. Mi primer impulso fue levantarme a abrir para que no tuviera que ir mi abuela ya que la costaba más trabajo andar. Lo raro fue cuando abrí la puerta allí no había nadie. Me quedé parada un momento mirando por los alrededores para ver si había sido algún niño jugando, pero como no vi a nadie cerré de nuevo. La cosa quedó ahí y no le di mas importancia hasta que al rato, cuando ya volvía a sentarme se oyeron los golpes de nuevo. Fui otra vez hacia la puerta y al abrirla seguía sin haber nadie. Entonces volví al salón y me senté junto a la abuela que no hizo ningún comentario. Sin embargo no habrían pasado nis dos minutos cuando de nuevo se volvieron a oír los golpes como alguien llamando a la puerta. Ya me iba a levantar un poco enfadada cuando mi abuela me dijo: " déjalo hija, no vayas", y gritó al aire "¡Que sí, que ahora las pongo, dejadnos ya en paz!". Yo me quedé parada, un poco asustada porque no era normal ver a mi abuela así, y mientras tanto los golpes seguían sonando al otro lado de la puerta, cada vez con más intensidad. Después de decir esto, mi abuela se levantó y sacó de un cajón dos cirios blancos de los que van envueltos en un plástico de color rojo. Los puso encima de la mesa, los encendió y rezó algo muy breve. Acto seguido los golpes pararon por completo".

Llama la atención la naturalidad con la que esta mujer actúa ante un hecho de semejantes características. Su reacción, como nos cuenta hoy la testigo, fue de una tranquilidad sobrecogedora ante un hecho que a cualquiera de nosotros nos habría puesto los pelos de punta:

"Asustada, como es lógico, le pregunté qué había pasado y ella, como la cosa más normal del mundo me contestó que habían sido las ánimas benditas que si las pides algo y a cambio no les das lo que les has prometido ya no te dejan en paz".

Curiosamente, un detalle que llama la atención, hablando acerca de la forma en que la convivencia con estos seres se convirtió en algo absoluntamente normal para Ana, vuelve a salir a la luz esa curiosa habilidad o capacidad para despertarse en medio de la noche a una hora concreta, como ya veíamos en el caso de Gabriela. Sin embargo, un dato que resulta aún más impactante es el testimonio de la propia María del Mar, quien asegura haber intentado conseguir este mismo efecto mediante una serie de rezos especialmente dirigidos a las almas de aquellos que se perdieron a medio camino entre la luz y las sombras.

Según nos cuenta, empujada por la necesidad de saber si aquello era real, llevó a cabo una serie de oraciones pidiendo a la ánimas benditas ser despertada a las cuatro en punto de la madrugada. En un principio la noche transcurrió sin sobresaltos y pudo conciliar el sueño con total normalidad. Pero al cabo de un tiempo empezó a notar una especie de sensación fría que recorría todo su cuerpo. Ante esto, la testigo fue a realizar el acto reflejo de arroparse y fue entonces cuando sintió cómo una gélida mano tocaba su brazo al mismo tiempo que un susurro en su oído pronunciaba su nombre. Aterrada, dio un salto en la cama, y cuando los nervios del momento la permitieron alzar la vista, pudo ver que sobre la mesilla, permanecían iluminados en la pantalla del despertador, tres dígitos que no la resultaron en absoluto tranquilizadores. Eran las cuatro en punto.


1 comentario:

Anónimo dijo...

si todo el tiempo
cada vez que vamos auna parte ahi estan pero nunca los vemos
es porque no tenemos una mirada inflaroja asi como los gatos o perros, es por eso que no los vemos
algunos dicen que no se van por una sola razon, sera porque tienen alguna cosa pendiente o algo que deben o no pudieron hacer cuando estaban vivos y les dan la oportunidad de hacerlo eso es todo